Sentir es cuanto queda es sentir el tiempo en su ida y vuelta, aquel giro que esperamos y estamos seguros de que nunca regresa. Pero, ante todo, nuestro deber es señalar todos estos momentos efímeros, para no ir detrás de la ilusión de la vida. El tiempo es protagonista en el poemario y está presente en todos sus sentidos —día, noche, hora, tarde, infinito, otoño, alba o memoria—, lo —los— tocamos en nuestra piel y también en las palabras que intentamos expresar. Tanto el silencio como la ceniza nos recuerdan que para hacer un poema es necesario abrazarnos en primer lugar y descifrar el delirio, aunque solamente sea desde una silla vacía.