Lezcano es un utópico al que le encanta contar cien y una aventura que le sucedieron desde que decidió cruzar la frontera con tres mil pesetas en el bolsillo y tres de sus cuadros bajo el brazo. Se refugió en una buhardilla de la calle Monceau de la patria bohemia, París, donde el pastor Jean Laserre le tendió la mano, como también lo hizo Jean Fabre, activistas ambos de la no-violencia de Gandhi, de War Resisters y el Movimiento Internacional de Reconciliación. Con ellos logra sus dos primeras exposiciones en Francia, por la Paz y el Desarme. Partidario del arte socialmente comprometido, sus dibujos antimilitaristas han recorrido varios países, y en el palacio de las Naciones Unidas, en Ginebra, fueron expuestos dentro de la Conferencia internacional por el desarme. Esta iniciativa pacifista se ha multiplicado en un cuaderno de poesía, en dibujos humorísticos y en cuaderno didáctico de dibujos por la paz, en Bruselas.