Ciertamente, el yo poético vive en una especie de burbuja donde sólo el aire, la propia respiración del verso alberga alguna posibilidad de salvación. Esta necesidad de reencuentro con la poesía lleva a Cecilia Álvarez a crear su propio universo o a considerar que solamente la palabra en su más esencial forma y fondo es, junto al amor, la única razón de la existencia.