La obra poética de Juan José Delgado se articula en torno a una "íntima realidad" —su "idea del mundo"— que el autor captura mediante un lenguaje medido y riguroso, poblado de metáforas precisas: cepos, espejos, telescopios. Como él mismo señala en el prólogo de Libro de la intemperie, su objetivo es expresar ese instante de "deliciosa tensión" en que la experiencia se transforma en "botín de la palabra".
La dimensión insular constituye el latido fundamental de su escritura. La isla emerge como enigma que "guarda para sí e imperturbablemente las respuestas", un territorio físico y simbólico donde el mar, las aguas y las voces dialogan con lo luminoso y lo innombrable. En su versos, el paisaje marítimo se convierte en escritura: "Estas aguas de ahora son letras inundadas".
Según el crítico Ernesto Suárez, Delgado es un poeta de proceso "muy meditado", cualidad que se refleja en la lentitud de gestación de Libro de la intemperie —aproximadamente cinco años— y en su consolidación paulatina como voz literaria. Su poesía integra la tradición insular con una crítica social y una reflexión ética que lo vinculan con otros autores de la colección Atlántica de Ediciones Idea.