Esther es una mujer de huracanes: fuerte por decisión, franca por convicción y enredada a sus propios retos para reconstruirse y levar anclas en la anchura y el riesgo de la libertad y su inmensidad. Este compromiso consigo y con los demás es posiblemente el rasgo más acentuado de su perfil, donde la acción artística recobra —tras sus borrascas— la diversidad del arte con su sensibilidad y sus talentos. Por eso tiene la necesidad de expresar sus querencias, sus dudas y certezas, sus miedos y sus luchas, sus preocupaciones y sus decisiones... a través del piano, la poesía o la pintura, proyectados con sincera soltura, sin métodos ni artificios, sin trabas ni obligadas estéticas. Es una suerte que Esther recicle las tempestades.